Texto: Dani Fotos: Anna y Dani
El verano, esa estupenda estación del año de calor y sol, me atormenta cuando hace acto de presencia.
Los domingueros, el calor sofocante, las playas llenas y sucias, y la ausencia de olas… son algo que trato de evitar. Cualquier excusa es buena para huír…
Fue una escapada planificada en el último momento, como la mayoría de nuestras escapadas. No teníamos alojamiento, y en tan sólo unas horas debía solucionarlo. Encontrar algo barato cerca del mar iba a ser algo muy complicado, así que me decidí por dormir en los alrededores, menos gente, menos barullo, más barato y más tranquilo.

Llamé a mis amigos de Urdax, un pueblecito de Navarra, a tan sólo 1km de la frontera y a 20 minutos de Saint Jean de Luz. En una llamada teníamos alojamiento. Ángel, Manolita y Pedro nos esperaban en su caserío, y al llegar la recepción fue de lujo.

Huevos fritos de las gallinas del corral y chistorra local, con vino y gaseosa. “Sabe a gloria bendita” – Nos decía Ángel, mientras nos hablaba maravillas del lugar.
Después de la comilona, decidimos seguir la marcha hasta Biarritz. El tiempo no acompañaba mucho, una depresión estaba cruzando la península, dejando caer algunas gotas en el Norte, unas olas con buen tamaño llegaban a la costa acompañadas por un viento no muy agradable.

Decidimos seguir y probar la playa de La Barre en Anglet, una playa muy pequeñita y protegida por dos espigones, al resguardo del viento y que ofrecía una ola de lo más curiosa. Compartí el spot con 4 o 5 locales sorprendidos de ver un Stand Up Paddle Surf en esa playa.

El día siguiente se levantó nublado y lloviznando… empezaba la búsqueda del Sol. Anna, gran amante del calor y los rayos del sol, no me iba a permitir quedarme en cualquier playa por muchas olas que hubiese si no había una buena radiación solar. La búsqueda nos llevó hasta Hossegor.

El sol parecía estar evitándonos, se alternaban nubes y claros.

Pero ¡había olas! eso sí, las condiciones un poco complicadas, viento onshore y choppy, así que a pesar de la falta de sol me eché al agua.

En pleno bottom turn.
Sin darnos cuenta habían pasado ya dos días. El día siguiente se volvía a levantar gris y con lluvía, no podía creerlo, un día más de búsqueda… No lo pensamos dos veces, destino Hossegor. De camino a St. Jean de Luz, mientras circulábamos por esas estrechas carreteritas, siempre nos deteniamos en una pequeña “boulangerie” a comprar “chocolatines” (napolitanas de chocolate) y una especie de brioches de chocolate. ¡La repostería francesa que rica es!

Al llegar a Hossegor un cielo azul nos sorprendía con un sol radiante. El mar había bajado un poco, pero estaba super glassy, ordenado y las olas se veían llegar desde lo lejos.


Era el primer día que coincidía con otros stand ups. Alguna custom, C4 Waterman y Surftech era lo que más abundaba en la playa, pero mi Jimmy Lewis les llamaba la atención, hasta me pararon por la calle para preguntarme por ella.

Con el cambio de marea la poca ola que había desapareció, y el sol seguía haciendo de las suyas así que decidimos seguirlo, nos llevó a Biarritz de nuevo.


Biarritz cautiva por el contraste de sus edificios señoriales, sus castillos y palacetes, la belleza de sus jardines con ese ambiente surfero que se respira a pie de playa.


Una combinación muy atractiva.

Y es que este pueblecito francés está considerado una de las cunas del longboard europeo.
Pareja observando el lineup.
Al llegar a Biarritz nos sorprendió ver como una olita se levantaba. Anna quiso aprovechar la ocasión para probar mi nueva Jimmy Lewis 10′.

Y es que a pesar de su inexperiencia con el SUP, se desenvolvía sin problema alguno.



Sin darnos cuenta otro día se nos escurría…

La mañana siguiente se alzaba con un cielo azul, carente de nubes y con un sol dispuesto a dorar nuestras pieles. Decidimos volver a Biarritz, queríamos quedarnos con buen sabor de boca…
Y es que el buen tiempo y las olas invitaban a entrar al agua, con cualquier tipo de tabla, la excusa sin duda alguna, refrescarse!
Una chica en Stand Up Paddle Surf dominando el pico.

El mar parecía estar subiendo con la crecida de la marea, este iba a ser el último baño antes de volver, tenía que aprovechar…




Un viaje breve pero intenso, lleno de kilómetros, de olas y de experiencias.
Padre e hija en tándem.
Agur!
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