Estos últimos días un pequeño frente, al cruzar la Península, nos ha traído olas provenientes del Sur, convirtiendo nuestro aburrido charco Mediterráneo en una especie de mini California.
Pocos spots funcionaban tan bien como el que tenemos al lado de casa, y ante el certero temor de entrar en un pico masificado, decidimos madrugar para ver salir el sol sobre las aguas y disfrutar de unas olas solitarias.
No habíamos quedado a ninguna hora en concreto, pero allí estábamos todos, llegando poco a poco para saborear ese pequeño regalo invernal de verano.
Esperemos que esta ofrenda con la que clausuramos oficialmente la temporada de domingueros, sea tan sólo el principio de una temporada magnífica de olas.
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