La roca volcánica se abría paso bajo mis pies desnudos hasta llegar al mar. Cada paso estaba cuidadosamente estudiado, buscando la zona más erosionada de la negra roca, evitando las porosidades y las griestas cortantes.
Una vez en el agua podíamos levantar la mirada y otear el Oceáno que allí nos esperaba. El horizonte se rompía por la fuerza del mar. A lo lejos más allá de donde el mar dejaba de ser un espejo, una poderosa ola llegaba despeinándose y estrellándose contra una punta rocosa abriéndose rápidamente hacia la derecha, convirtiendo el fin de su viaje en un brazo que acogía a cualquiera con el valor de intentar cabalgarla.
Nuestro primer día de acción en la Isla no podía ser más emocionante. Michel, como siempre, nos guiaba allí dónde las mejores condiciones se daban. Una gran derecha de más de dos metros se alzaba ante nosotros y a medida que rompía dibujaba la trayectoria que podíamos seguir.
Llegamos al pico prácticamente sin despeinarnos gracias al canal, durante casi 500 m podíamos ver como las olas llegaban hasta esa punta rocosa para explotar liberando toda su energía. Un trayecto fácil que nos permitía estudiar la ola en movimiento…
No era el día más fácil para empezar, tampoco el más fácil para probar una tabla nueva que no conocía, pero allí estábamos. Michel con su consagrada C4 Waterman 10′ y yo probando por primera vez la Oxbow 9′6″.
Primero en el brazo evaluando la fuerza y velocidad de una ola que no conocía con ese tamaño, vigilando las secciones, las zonas de impacto y las zonas de salida en caso de un percance. En poco tiempo ya estaba preparado para afrontar el desafío y adentrarme más en el pico.
Michel me llevaba unas olas de ventaja. Llegaba la serie, a lo lejos se veía llegar al monstruo, una ola no muy alta, de unos dos o tres metros, pero muy ancha que te abrazaba sin escapada. El take off era un poco vertical, pero una vez pasado el tramo más técnico la ola se convertía en una autopista que te dejaba jugar con ella, asumiendo los riesgos por tu parte, era una ola noble. Después de un par de olas de aclimatamiento era hora de apurar y tomar más riesgos, buscando giros más cerrados y más cerca de la zona de impacto.
La tabla no se comportaba mal del todo para ser la primera vez que surfeaba con ella y además en olas de ese tamaño… muy buena en los giros cortos como los cutbacks, pero algo inestable en los bottoms radicales en lo bajo de una ola que te propulsaba a una velocidad difícil de controlar.
El primer baño fue una experiencia increíble que pudimos repetir los días siguientes. Aunque la fuerza iba disminuyendo, pudimos probar todos los tamaños, desde los dos metros bien puestos (en ocasiones más) hasta el medio metro. Lo increíble del lugar y de sus olas, era la perfección como rompía fuese cuál fuese su tamaño. Un auténtico deleite. La maravilla de la física oceánica me sorprendía día a día… y aún quedaba mucho por descubrir!
Y todo gracias a Michel, siempre dispuesto a hacerte disfrutar de las condiciones de su Isla y de compartir con él cada uno de sus preciados juguetes.
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